Sunday, August 7, 2022
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CASO CANTUTA: El tiempo ayuda a curar las heridas, pero, lamentablemente, también puede hacer olvidar la historia.

CASO | Desde 1980, Sendero Luminoso a cargo por Manuel Rubén Abimael Guzmán Reinoso, también conocido por el nombre de guerra de camarada Gonzalo, fue un terrorista, abogado y exprofesor de filosofía peruano que se convirtió en el fundador y máximo líder del Partido Comunista del Perú, Sendero Luminoso perpetró crímenes en varios departamentos de nuestro país, lo que generó muertes y cuantiosos daños materiales. Hasta que el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) desbarató a su cúpula a través de la Operación Victoria, el 12 de septiembre de 1992, en la casa de Surquillo de los terroristas Maritza Garrido Lecca y Carlos Incháustegui Degola, Atraparon a Abimael Guzmán, Elena Iparraguirre y dos mujeres más, luego de 15 días pudieron capturar a una base militar en La Joya, Arequipa.


TERROR CON TERROR
En el Perú hubo sanguinarios excesos por parte del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), quien financió el Grupo Colina, un comando irregular conformado por miembros del Ejército que tenía como objetivo eliminar a personas sindicadas por inteligencia de ser terroristas quienes ejecutaban los más descarados operativos psicosociales.
LA MASACRE DE LA CANTUTA
El secuestro y posterior asesinato de nueve estudiantes y un catedrático de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta) es un caso emblemático del terrorismo de estado que se vivió durante el gobierno de Alberto Fujimori.


La masacre de la madrugada del 18 de julio de 1992, dos días después de la explosión del coche bomba en la céntrica calle miraflorina de Tarata. Un profesor universitario y nueve estudiantes de la limeña Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta), fueron secuestrados y desaparecidos por el destacamento paramilitar Grupo Colina, perteneciente al Ejército Peruano.
El Grupo Colina ingresó al campus y seleccionó a los sospechosos de acuerdo a la información de agentes infiltrados como alumnos.
Víctimas
Las víctimas fueron nueve estudiantes y un profesor de la Universidad:

  • Bertila Lozano Torres: 22 años Cuñumbuque, Lamas, San Martín.
  • Dora Oyague Fierro: 21 años.
  • Luis Enrique Ortiz Perea: 22 años Chachapoyas.
  • Armando Richard Amaro Cóndor: 26 años Lima.
  • Robert Édgar Teodoro Espinoza: 24 años Ancash
  • Heráclides Pablo Meza:
  • Felipe Flores Chipana: 25 años Apurimac.
  • Marcelino Rosales Cárdenas: 26 años Lima.
  • Juan Gabriel Mariños Figueroa: 30 años Magdalena del Mar.
  • Hugo Muñoz Sánchez (profesor): 49 años Huanta.
    Eran nueve jóvenes, siete varones y dos mujeres, la mayoría provincianos, de las tres regiones del país, llenos de vitalidad que se forjaban un futuro profesional lejos de la familia en la impasible Lima y un profesor.
    NO HAY CRIMEN PERFECTO
    El reciclador Justo Arizapana Vicente se percató que varios hombres dejaban sacos, eran los cuerpos de los universitarios y el profesor, asopado entre los cerros fue el único testigo de uno de los crímenes más horrendos que se perpetraron en el gobierno de Alberto Fujimori.

  • Después de casi un año del crimen Justo Arizapana junto a su amigo Guillermo Catacora hicieron un croquis que llevaron a los periodistas de la revista Sí con unos de los huesos que habían desenterrados, esto sirvió para ubicar las cuatro fosas en las que el Grupo Colina enterró los cadáveres de los nueve estudiantes y el docente de la universidad Enrique Guzmán y Valle.
    “Han puesto recompensa sobre mi cabeza durante años, han ido donde el doctor Cáceres le han dicho, a tu familia le vamos a poner en buenos puestos del gobierno, pero avísanos quien es, quien te dio el croquis, quien hizo, quien lo encubrió. Y Robert Cáceres dijo, una viejita me ha dado” dijo Justo Arizapana.
    JUICIOS
    En abril de 1993, un grupo de oficiales militares peruanos liberaron anónimamente un documento detallando los eventos en La Cantuta. Su documento señalaba que el escuadrón de la muerte Colina había secuestrado, torturado y asesinado a las víctimas enterrándolas en una fosa común. Los informantes militares nombraron a los miembros del Grupo Colina que participaron en la masacre, identificando al jefe de las operaciones Mayor Santiago Martín Rivas. y señalaron que el grupo operaba bajo órdenes directas de Vladimiro Montesinos, la cabeza del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) y asesor del expresidente Alberto Fujimori, quien también tenía conocimiento de estos acontecimientos.
    DEMANDA A LOS RESPONSABLES
    La Ley de Amnistía fue aprobada al final del gobierno de Fujimori en el 2000 y, el 21 de marzo de 2001, la Fiscal de la Nación, Nelly Calderón, presentó cargos contra Fujimori acusándolo de ser uno de los coautores de esta masacre y de la Masacre de Barrios Altos de 1991. Presentó evidencias de que Fujimori, actuando en conjunto con Vladimiro Montesinos, ejerció control sobre el Grupo Colina. Los cargos alegaban que el grupo no hubiera cometido crímenes de esa magnitud sin las órdenes expresas de Fujimori o sin su consentimiento, y que la formación y el funcionamiento del mismo fue parte de una política integral contrasubversiva que implicó sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos.
    JUSTICIA PARA LAS FAMILIAS DE LAS VICTIMAS
    Durante el juicio al expresidente Alberto Fujimori, la Sala Penal Especial de la Corte Suprema de Justicia determinó que ninguno de los estudiantes, ni el profesor del caso La Cantuta, tenían vínculos con algún grupo subversivo.
    El expresidente Alberto Fujimori recibió el 7 de abril de 2009 una pena de 25 años de prisión efectiva, por considerarse estos asesinatos selectivos como delitos de lesa humanidad. El día 2 de enero de 2010, la Primera Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema confirmó la sentencia de 25 años de prisión a Alberto Fujimori por los casos La Cantuta y Barrios Altos, y el secuestro de Gustavo Gorriti y Samuel Dyer.
    Lamentablemente los restos de cinco de los ocho estudiantes y un profesor, víctimas del caso La Cantuta aún tienen paradero desconocido y muchos de los sentenciados por ambos casos, incluyendo al ex presidente Fujimori, no han pagado nada por reparación civil a las familias de las víctimas ni al estado. Por este caso y otros que pasaron los habitantes peruanos siempre tenemos que recordar este lema, El tiempo ayuda a curar las heridas, pero, lamentablemente, también puede hacer olvidar la historia.
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